El verano deja el césped con calvas, ralo y con la tierra a la vista. No es que esté muerto: es que ha pasado tres meses aguantando. La resiembra de otoño es lo que lo devuelve a la vida antes del invierno.
La ventana buena va de mediados de septiembre a finales de octubre. La tierra todavía guarda calor del verano, que es lo que hace germinar la semilla, pero ya no hace el calor que la quema. En primavera también se puede, pero la hierba nueva llega al verano sin raíz hecha y lo sufre.
El orden, que importa más que el producto
- Segar bajo, más de lo habitual.
- Escarificar, para que la semilla toque tierra y no colchón seco.
- Sembrar, repartiendo en dos pasadas cruzadas para no dejar claros.
- Cubrir con una capa fina de mantillo, lo justo para que no se vea la semilla.
- Regar poco pero a menudo: varias veces al día los primeros diez días, sin encharcar.
- No pisar hasta después del primer corte.

El error que más veo: sembrar sobre el fieltro sin escarificar. La semilla germina, no encuentra tierra y se seca en una semana. Parece que la semilla era mala y lo que falló fue la preparación.